sin ciencia no hay futuro

Efrén Castillo, de Liquidarlo Celuloide, en una performance asistida por el público de la Casa Bagre.

Abstracción limeña

Ganador del premio del público en el Festival Transcinema, el documental Lima grita de Dana Bonilla y Ximena Valdivia inocula una estimulante dosis de especulación futurista en el imaginario visual capitalino.

Publicado: 2019-06-06

Lima grita explora la superposición del pasado y el futuro en el imaginario urbano: combina fragmentos vestigiales de una Lima que se va con presagios esquizoides de una Lima que viene.  

El clímax de la película es protagonizado por el músico ruidista Paruro, quien ofrece una desconcertante performance ante viandantes del Cercado de Lima. Un viejo receptor de radio es usado a contrapelo de su función original para producir sonidos abrasivos. La escena es un poderoso recordatorio de las ambivalencias de la tecnología: cargada de afectos familiares, también es susceptible de intervenciones que revelan de golpe su otredad mutante.

Esa temática vincula a Lima grita con Videofilia de Juan Daniel F. Molero. Esta última, estrenada en 2015, retrataba las transformaciones de la libido en una Lima que migra velozmente hacia el ciberespacio. La ópera prima de Dana Bonilla y Ximena Valdivia documenta un tránsito paralelo –aunque parcial y minoritario– en el ámbito de la creación sonora. Explora la escena underground de música ruidista y experimental de Lima, bajo la guía de artistas como Pauchi Sasaki, Liquidarlo Celuloide, Fil Uno, Jardín y Paruro, entre otros.

Ninguno de ellos posee una afiliación evidente con la narrativa consagrada del desborde popular y sus géneros musicales representativos: la cumbia, la salsa y el huayno. Uno de los aciertos de la película es que al presentar a estos artífices como portavoces legítimos de la ciudad, al acoger sus manipulaciones electrónicas y su estridente estética ciberpunk como parte de nuestro folclore, inicia una discusión en torno a las categorías de lo limeño y sus posibles futuros. Es el retrato de otra Lima emergente, de otra modernidad popular que asoma tras la estela de una escena musical escondida.

Esa orientación especulativa es lo que distingue a Lima grita de otros documentales de temática musical como Lima bruja o Sigo siendo. Frente a la nostalgia de los viejos maestros, músicos como Liquidarlo Celuloide, Jardín o Paruro proponen el colapso de las certezas y la improvisación asistida por máquinas virulentas. Evocan, en su intransigencia, la prosa de Nick Land: “Por todas las madrigueras abandonadas en el corazón de las tinieblas, feroces culturas juveniles ensamblan neorrituales con armas innovadas, drogas peligrosas y tecnología recuperada de entre los desechos. (...) [J]uguetean con su ADN y escuchan a altos volúmenes un caos electro-sónico ajeno a todo sentimiento humano”.

Este post-humanismo latente ofrece un lapidario contra-discurso frente a la imagen mercadotécnica de la capital que promueven organismos como Promperú (pensemos en el videoclip Mañana de Carlos Vives, en el que el futuro de Lima se presenta como la mera reproducción de fantasías de las clases medias y privilegiadas locales). Existe, sin embargo, un nivel en el que Lima grita se asemeja a esa imagen: en sus momentos menos inspirados, la película presenta una Lima remezclada según pautas de una estética de videoclip globalizada. En el uso frecuente de tomas de luces de neón, pistas de baile y miradas desafiantes, decae por momentos en el efectismo. Pero, sobre todo, decae cuando abandona su radicalismo futurista, como en la intervención telúrica de Manongo Mujica o en el uso de declaraciones de músicos cuya sabiduría convencional resulta incongruente con el resto del material.

Más interesante es la exploración de la arquitectura. Es retratada, de manera fantasmal, como un reservorio de proyectos de modernidad abandonados, pero es también el locus del agotamiento de cierta retórica humanista. Un ejemplo sugerente es la toma de un edificio en construcción cubierto de una inmensa tela verde. El contrapicado le otorga un carácter monumental: parece un edificio intervenido artísticamente por Christo y Jeanne-Claude. Pero parece también un vestigio, una huaca moderna.

Gustavo Buntinx ha notado que “la contemplación de la ruina es una marca de época en cierto registro sensible de la actualidad peruana”. Se refería a una estética contemporánea asediada por los duelos de la violencia política de los 80 y 90. Pero también es posible detectar otros vectores expresivos en las ruinas que deja la modernidad neoliberal. Esculpido por los flujos del capital, el concreto aparece aquí como superficie de inscripción de trayectorias que avanzan velozmente hacia la abstracción.

Esa Lima abstracta es el subconsciente de la Lima de videoclip.

[Nota: este artículo salió publicado en el semanario Perfil el 16 de diciembre de 2018]


Escrito por

Alonso Almenara

Escribo en La Mula.


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